No voy a entrar a valorar la Huelga, ni su éxito, ni su fracaso, ni tan siquiera sé las cifras de seguimiento, no me interesan, porque como siempre ambas partes mienten.
Tampoco entraré a juzgar si fue necesario hacerla, y de serlo, si tiene alguna utilidad, mucho se ha escrito ya antes y después sobre ella, y por personas seguramente con mucho más criterio que yo.
Si que diré que puestos a mostrarse combativos, aquí no hace falta una Huelga, si no una revolución, y no a nivel español, si no a nivel mundial. Echarlo todo abajo y comenzar de nuevo sobre las cenizas de un sistema que entre todos hemos creado y ahora nos está tragando, a modo de agujero negro realimentándose a sí mismo.
Pero evidentemente no es deseable llegar a ese punto, esto es como un mal matrimonio, tienes dos opciones, romper con todo y empezar de cero, o tratar de salvarlo luchando con las armas que tienes, nunca conseguirás el matrimonio de tus sueños, pero quizás consigas convivir con cierta paz y armonía.
A mi lo que me tiene indignada y como siempre sorprendida, que no hay manera de que mi capacidad de sorpresa mengüe, es el comportamiento de los llamados piquetes “informativos”; personalmente, si yo perteneciera a un Sindicato, que no es el caso, sentiría vergüenza de su actuación, no en este caso concreto, su forma de proceder viene de lejos y está institucionalizada.
Partiremos de una base fundamental que algunos todavía ponen en duda, no nos engañemos, nuestras libertades no están garantizadas, nunca lo han estado, y en este caso, ni por un lado ni por el otro, y como siempre, ahí están los pobres trabajadores, en medio, presionados, manipulados y utilizados, si es que eso nunca cambiará.
Defiendo el derecho de Huelga, dudo de su eficacia, pero ese no es el problema, lo que ocurre es que defiendo también el derecho a no estar de acuerdo con ella y decidir ese día trabajar.
Los Sindicatos para conseguir que la Huelga sea un éxito lo que deben hacer es informar y tratar de convencer de sus razones y motivos previamente al dia D, lo que no me vale es que ese día salgan a la calle como hordas de Atila a obligar por la fuerza a que los trabajadores se sumen a ella, para que luego en los telediarios los números les cuadren y puedan apuntarse el tanto del éxito.
Mi pregunta es ¿Qué valor tiene conseguir paralizar un país por la fuerza? ¿Ese es el éxito de la Huelga y su poder de convocatoria? ¿Utilizar la violencia y la coacción?.
Seamos francos, un cuarto de la población ni siquiera trabaja, que más quisieran ellos, de los otros tres cuartos, muchos de ellos son autónomos, con sus pequeños negocios, la mayoría ni siquiera cuentan con asalariados a cargo, y los Sindicatos ya sabemos a quien defienden, ni a los parados ni a los autónomos, su lobbit son cuatro empresas grandes donde cuentan con amplia representación y fuerza suficiente, eso echando cuentas son unos cuantos miles de trabajadores, poco más.
Me asusta la violencia y el uso de la fuerza sea ésta física o de otro tipo, venga de donde venga, pero que la usen grupos que van de progres y libertarios, y que se llenan la boca con frases grandilocuentes sobre la libertad y los derechos, me parece todavía mucho más grave.
Si quieres defender derechos y te consideras un demócrata, tienes que defender los tuyos sin coartar nunca los de los demás, y si no has sabido transmitir ni informar, y no se unen a tí, debes respetarlo y asumir que algo no estás haciendo bien, no dedicarte a romper cristales, siliconar cerraduras o pegar tortazos, que oye, así cualquiera.
Si los Sindicatos fueran coherentes y serios deberían hacer varias cosas: primero, renunciar a las subvenciones del Estado, no puedes estar protestándole a aquel que te da de comer y en realidad te tiene comprado, se independiente, y desde esa posición exige. Segundo, y en este caso concreto, expedientar a todos los miembros que se dedican a hacer tropelías y a impedir que los que desean ejercer su derecho a trabajar puedan hacerlo. Por último, que le cambien el nombre a lo de “piquete informativo” y le llamen “piquete coactivo”, así todos nos enteraremos de la realidad.
Para terminar, por supuesto, no quiero olvidarme de la otra parte, lo he dicho al principio, y mi intención no es cebarme unicamente con los sindicatos.
Los trabajadores siempre llevamos las de perder, y está la otra presión, la imposibilidad de ejercer nuestro derecho de huelga y más en estos tiempos, y perder nuestro puesto de trabajo, que aquí hay de todo y no son solo los Sindicatos los que utilizan malas artes. Las Empresas ejercen esa otra violencia más sútil , la de “atente a las consecuencias”, la del miedo a las represalias, y sé que muchos se han visto obligados a hacer huelga sin querer, y muchos otros a trabajar deseando unirse a la huelga, pero el fin no justifica los medios, y el comportamiento fascistoide de los empresarios no debiera justificar barbaridades por el otro lado.
No es mi cometido encontrar solución a esta disyuntiva, sólo se que no nos merecemos ni a unos ni a otros, y que bastante tenemos con tratar de salir adelante mientras ellos, los dos bandos, se reparten el pastel.

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