martes, 3 de abril de 2012

Fumadores Anónimos






Me llamo Inma y soy adicta al tabaco, fumadora empedernida se decía antes, añado que no tengo propósito de enmienda, que soy un caso perdido, vaya…

Desde esta posición ruego… no, exijo que se respete mi derecho a fumar compulsivamente sin tener que soportar miradas incriminatorias ni despreciativas, que no se me margine ni se me intimide con las posibles consecuencias de mis actos, con las múltiples enfermedades que puedo padecer y con las llamas del infierno ya puestos.

Acepto mi responsabilidad y asumo lo que venga, me estoy envenenando poco a poco, lo se, pero mi alma sensible no admite las imágenes que veo cada día en mi cajetilla de tabaco renovada, al menos mientras no pongan una pegatina de igual características en las botellas de qüisqui (del malo, el otro no), en toda la comida basura que atasca mis arterias, en toda la comida no basura tratada con colorantes, estabilizantes, conservantes y  todos los demás “antes”, y en todas las fábricas que producen gases contaminantes, sustancias venenosas, y mejor no sigo, que me deprimo.

Siempre se necesita  un demonio al que echarle la culpa de todos los males y contra el que hacer una Cruzada para salvar a inocentes desprotegidos, y aquí tenemos al tabaco, como si fuera lo único que nos provoca y adelanta la muerte, así nos podemos olvidar de todas las demás causas y no armar alboroto, y que mejor  para esto  que enfrentar a los ciudadanos, convencerlos de que ser fumador pasivo es casi peor que fumar, instarlos a protestar a todas horas, darles poder para increpar al fumador  que a un metro de distancia ha osado exhalar una nube de humo en su dirección, sádico asesino de inocentes con su cigarro en mano.

El Gran Hermano, el ojo que todo lo ve, así vamos a terminar, y si no, al tiempo; ya se denuncia al peligroso psicópata que se atreve a encender un cigarro en un local cerrado, ni que decir tiene que como te pillen cerca de un colegio, hospital o parque público se te puede caer el pelo.

 Yo estoy esperando, se que llegarán días duros para nosotros, en cualquier momento dejarán de atendernos en la Seguridad Social aunque sigan haciéndolo con descerebrados que han tenido un accidente mortal debido al exceso de alcohol, o con obesos de quince hamburguesas diarias, pero lo nuestro es peor, somos los parias, porque total, con que nos dejen un rinconcito para protegernos del frío a la salida de cualquier local o centro de trabajo, somos felices y no damos guerra.

Sin darnos cuenta en cualquier momento pueden decidir que tampoco podemos fumar en nuestras casas, que el humo es traicionero y se cuela por grietas y rendijas perjudicando a los vecinos, y quitarnos la patria potestad de nuestros hijos por maltrato a la infancia, y si hace falta los convencen a ellos mismos para que denuncien también.

Soy una desaprensiva y una inconsciente, lo se, para redimirme diré que estoy de acuerdo con las campañas y todos los medios que puedan utilizarse para intentar que los adolescentes no empiecen a fumar, en ningún caso quiero decir que fumar sea bueno ni saludable, pero como adulta adicta reclamo mi derecho a que me dejen en paz, y a que no me utilicen como chivo expiatorio para justificar enfermedades en los no fumadores que no sólo provocan el tabaco, si no mil causas más contra las que nadie trata de poner remedio.

Si me conocéis un poco ya sabréis que soy dada a la exageración, y a sacar los temas de quicio, pero si fumáis, el  día que os pongan una estrella de David en el brazo acordaros de mí y de que lo advertí.



sábado, 31 de marzo de 2012

Mi héroe, el Hermano Mayor


Si usted es de las que ha tenido la desdicha de criar en su casa una especie de niña del exorcista pero entradita en carnes y en edad,  con piercings hasta en el cielo de la boca, vaga, mal hablada y dada al deporte de destrozarle el hogar a patadas y puñetazos, no se preocupe, el “Hermano Mayor”, como un superhéroe de cómic  aparecerá cualquier día por su humilde morada y en una semana le deja a la niña suave como un guante, o al niño, que los delincuentes en potencia, hasta arriba de porros son su especialidad.


El programa no tiene desperdicio, ni credibilidad tampoco, basta ver los primeros planos de la niña con cara de pocos amigos retando a la cámara en un posado perfecto para desanimarse.

El perfil de la familia, por desgracia, si que es bastante real, aunque no lo sea la posible solución. Unos padres desesperados, en la mayoría de ocasiones sólo una madre, que no sabe ya que hacer con la borde de su hija – a punto de tirar la toalla – como siempre apostillan, y en el  trasfondo del asunto mucho egoismo, rencor  y  rabia mal canalizada por parte de la niña, que a todo esto ya cuenta con los 18 ó 20 años y está a la sopa boba, sin oficio ni beneficio, exigiendo dinero para irse de fiesta y esperando que le laven la ropa.




En frente una madre normalmente con una vida complicada y difícil, que a base de sentirse culpable por haberse separado, o por tener una nueva pareja, o por trabajar tanto que no ha tenido tiempo de estar con la niña, o porque le da la gana de salir por la noche algún fin de semana, se ha dedicado a malcriarla y a darle todos los caprichos.

La encantadora niña no pierde ocasión de culpar a la madre de todos sus problemas, si ella se comporta como una psicópata descontrolada es porque la madre sale con un señor nuevo, o porque de pequeña la dejaba con la abuela para irse a trabajar.

Las escenas del día a día en la casa serían escalofriantes, si no fuera  porque no se nos olvida que el cámara está rodando en el comedor mientras el plato de lentejas sale volando por los aires, y las madres como actrices no dan la talla, si que es verdad que las niñas saben darle más realismo al plano, pero no se yo hasta que punto ese momento es real o se está escenificando.

Luego llega El, les regaña como si fuera la supernany y ellas tuvieran 9 años, sólo que en lugar de quitarles el peluche les confisca el móvil, las deja tiradas en mitad de una carretera para que vean lo que es sentirse sola y desamparada, con el cámara de nuevo grabando a tres metros, y les busca un trabajo de prueba cortando cabezas de pollo para que veamos como la niña sale echa un basilisco diciendo que a ella no le sale del coño trabajar; esa es la frase más fina y delicada que suelen utilizar, porque riqueza de vocabulario no tienen demasiada, con  el - esto es lo que hay –  y  un  – me la suda -   a tiempo, ellas se las apañan divinamente.



El Hermano Mayor no trabaja solo, cuenta con la ayuda inestimable de una psicóloga, que debe estar en prácticas, porque no hay por donde cogerla; atención al plano a la señorita, de película de James Bond.

Se lleva a la niña al monte y a modo de terapia la incita a lanzar dardos apuntando a cartones colgados en los árboles donde hay impresas  frases con sus malos hábitos, o le llena una mochila con bolas pesadas para que con cada una se desprenda de alguna de sus frustraciones.

Lo sorprendente es que de repente la niña, como si el demonio hubiera abandonado su cuerpo, reacciona y es consciente de todo, y llega la catarsis: el gusano por arte de magia se convierte en mariposa, asume sus errores, pide perdón, abraza a la madre hecha un mar de lágrimas…y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

viernes, 30 de marzo de 2012

Piquetes "informativos" VS Presión Patronal




No voy a entrar a valorar la Huelga, ni su éxito, ni su fracaso, ni tan siquiera sé las cifras de seguimiento, no me interesan, porque como siempre ambas partes mienten.

Tampoco entraré a juzgar si fue necesario hacerla, y de serlo, si tiene alguna utilidad, mucho se ha escrito ya antes y después sobre ella, y por personas seguramente con mucho más criterio que yo.

Si que diré que puestos a mostrarse combativos, aquí no hace falta una Huelga, si no una revolución, y no a nivel español, si no a nivel mundial. Echarlo todo abajo y comenzar de nuevo sobre las cenizas de un sistema que entre todos hemos creado y ahora nos está tragando, a modo de agujero negro realimentándose a sí mismo.

Pero evidentemente no es deseable llegar a ese punto, esto es como un mal matrimonio, tienes dos opciones, romper con todo y empezar de cero, o tratar de salvarlo luchando con las armas que tienes, nunca conseguirás el matrimonio de tus sueños, pero quizás consigas convivir con cierta paz y armonía.

A mi lo que me tiene indignada y como siempre sorprendida, que no hay manera de que mi capacidad de sorpresa mengüe, es el comportamiento de los llamados piquetes “informativos”; personalmente, si yo perteneciera a un Sindicato, que no es el caso, sentiría vergüenza de su actuación, no en este caso concreto, su forma de proceder viene de lejos y está institucionalizada.


Partiremos de una base fundamental que algunos todavía ponen en duda, no nos engañemos, nuestras libertades no están garantizadas, nunca lo han estado, y en este caso, ni por un lado ni por el otro, y como siempre, ahí están los pobres trabajadores, en medio, presionados, manipulados y utilizados, si es que eso nunca cambiará.

Defiendo el derecho de Huelga, dudo de su eficacia, pero ese no es el problema, lo que ocurre es que defiendo también el derecho a no estar de acuerdo con ella y decidir ese día trabajar.

Los Sindicatos para conseguir que la Huelga sea un éxito lo que deben hacer es informar y tratar de convencer de sus razones y motivos previamente al dia D, lo que no me vale es que ese día salgan a la calle como hordas de Atila a obligar por la fuerza a que los trabajadores se sumen a ella, para que luego en los telediarios los números les cuadren y puedan apuntarse el tanto del éxito.

Mi pregunta es ¿Qué valor tiene conseguir paralizar un país por la fuerza? ¿Ese es el éxito de la Huelga y su poder de convocatoria? ¿Utilizar la violencia y la coacción?.
Seamos francos, un cuarto de la población ni siquiera trabaja, que más quisieran ellos, de los otros tres cuartos, muchos de ellos son autónomos, con sus pequeños negocios, la mayoría ni siquiera cuentan con asalariados a cargo, y los Sindicatos ya sabemos a quien defienden, ni a los parados ni a los autónomos, su lobbit son cuatro empresas grandes donde cuentan con amplia representación y fuerza suficiente, eso echando cuentas son unos cuantos miles de trabajadores, poco más.

Me asusta la violencia y el uso de la fuerza sea ésta física o de otro tipo, venga de donde venga, pero que la usen grupos que van de progres y libertarios, y que se llenan la boca con frases grandilocuentes sobre la libertad y los derechos, me parece todavía mucho más grave.

Si quieres defender derechos y te consideras un demócrata, tienes que defender los tuyos sin coartar nunca los de los demás, y si no has sabido transmitir ni informar, y no se unen a tí, debes respetarlo y asumir que algo no estás haciendo bien, no dedicarte a romper cristales, siliconar cerraduras o pegar tortazos, que oye, así cualquiera.

Si los Sindicatos fueran coherentes y serios deberían hacer varias cosas: primero, renunciar a las subvenciones del Estado, no puedes estar protestándole a aquel que te da de comer y en realidad te tiene comprado, se independiente, y desde esa posición exige. Segundo, y en este caso concreto, expedientar a todos los miembros que se dedican a hacer tropelías y a impedir que los que desean ejercer su derecho a trabajar puedan hacerlo. Por último, que le cambien el nombre a lo de “piquete informativo” y le llamen “piquete coactivo”, así todos nos enteraremos de la realidad.

Para terminar, por supuesto, no quiero olvidarme de la otra parte, lo he dicho al principio, y mi intención no es cebarme unicamente con los sindicatos.


Los trabajadores siempre llevamos las de perder, y está la otra presión, la imposibilidad de ejercer nuestro derecho de huelga y más en estos tiempos, y perder nuestro puesto de trabajo, que aquí hay de todo y no son solo los Sindicatos los que utilizan malas artes. Las Empresas ejercen esa otra violencia más sútil , la de “atente a las consecuencias”, la del miedo a las represalias, y sé que muchos se han visto obligados a hacer huelga sin querer, y muchos otros a trabajar deseando unirse a la huelga, pero el fin no justifica los medios, y el comportamiento fascistoide de los empresarios no debiera justificar barbaridades por el otro lado.


No es mi cometido encontrar solución a esta disyuntiva, sólo se que no nos merecemos ni a unos ni a otros, y que bastante tenemos con tratar de salir adelante mientras ellos, los dos bandos, se reparten el pastel.



miércoles, 28 de marzo de 2012

El arrepentimiento, una consideración inútil



EL ARREPENTIMIENTO. Muchos vivimos angustiados por él, por la oportunidad que dejamos pasar, por el riesgo que corrimos al tomar alguna decisión que con el tiempo se descubre equivocada. No importa, la cuestión es sentirse siempre arrepentidos por algo, por lo que se hizo o lo que se dejó de hacer.



Es otra de esas cualidades inherentes al ser humano, siempre tan complejo, y podría además en nuestra cultura estar más arraigado aún, debido a que la tradición católica lo ha ensalzado como forma de expiar nuestras culpas y pecados, pero no trato de hablar aquí de ese tipo de culpas relacionadas con el remordimiento por haber dañado a otros, si no de las determinaciones y caminos que tomamos y que van modelando nuestra vida.


Nuestra existencia se presenta llena de encrucijadas que influirán en mayor o menor medida en el desarrollo del resto de nuestra vida, en ocasiones las decisiones a tomar son triviales, otras veces de ellas depende el éxito o el fracaso de los días venideros, nuestra felicidad o nuestra desgracia, y pueden marcar para siempre los acontecimientos futuros, y las consecuencias que de ellos se deriven.
Solemos arrepentirnos por exceso y por defecto, son dos variables diferentes, que mucho tienen con nuestra capacidad para arriesgarnos.

Tiendo a pensar que ya que es inevitable, siempre es mejor arrepentirse de aquello que se intentó y fracasó, que de no haberlo intentado; a mi al menos me deja menos pesar de conciencia, y como poco conozco el resultado, la otra opción te deja siempre con la duda de qué podría haber ocurrido, y vivir con la duda es también una pesada carga.

El arrepentimiento posee además otra vertiente a tener muy en cuenta, es totalmente inútil.De nada sirve echar la vista atrás, de momento no se conoce forma alguna de volver al pasado a rectificar errores; nos gustaría, lo se, quién en algún momento de su vida no se ha dicho - si pudiera volver sobre mis pasos, situarme en el preciso instante en que dije o hice aquello, o al contrario, en que dejé de hacer o decir… - Olvidémoslo, atormentarse con “lo que pudo haber sido y no fue” no nos llevará a ningún lugar.



Utilizaré otra frase hecha, que nuestro idioma es muy rico y certero con ellas: “A lo hecho, pecho”. Entrar en la espiral de los porqués, perder tiempo en imaginar como podrían haber sido las cosas actuando de otra manera, hurgar en nuestras heridas, culpabilizarnos y machacarnos por habernos equivocado, no solamente no servirá de nada, si no que además nos deja paralizados, incapacitados para seguir avanzando.


Lo contrario, no arrepentirse, no significa estar orgulloso con lo ocurrido y sus resultados. Es necesario tomarse un tiempo, hacer un éxamen de conciencia y analizar que ERRORES se cometieron, con un único fín, tratar de no volver a cometerlos, intentar aprender de la experiencia… esa es la parte positiva del arrepentimiento.



Me pongo pesada, pero ahí va otra frase: “el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”, y así es; si eres dado a cerrar los ojos y lanzarte al vacío, la próxima vez probablemente volverás a hacerlo, porque algo en tu interior te dirá que esta vez es la buena, y que debes intentarlo. Si eres de los indecisos que nunca asumen riesgos poco perderás, pero nada ganarás tampoco.

Y es que es muy complicado cambiar la esencia de cada uno, pero deberíamos al menos aprender a convivir con nuestros fracasos, aceptar lo que somos y que volveremos a meter la pata una y mil veces, y cuando eso ocurra, pasar página, olvidar, comenzar de nuevo.

La vida es una sucesión de pequeñas vidas unas dentro de otras, al estilo de esas muñecas rusas, abrimos una y dejamos paso a la siguiente. Terminamos una etapa y comenzamos otra , mejor hacerlo de cero, en blanco, sin cargas del pasado, y el arrepentimiento es una de esas cargas de las que debemos librarnos.






jueves, 22 de marzo de 2012

El destino. Recurso para evitar la responsabilidad


Destino, suerte, fatalidad…podemos llamarle de muchas maneras, todas ellas llevan a la misma definición: una especie de poder independiente de la voluntad humana, inevitable e ineludible que guía nuestras vidas por senderos no escogidos por nosotros hacia fines tampoco elegidos, sea para bien o para mal.


No voy a entrar en abismos filosóficos ni a profundizar más allá de lo que afecta a nuestras vidas cotidianas la creencia en ese destino escrito para cada uno de nosotros.



En nuestro vocabulario habitual la palabra, que no el concepto, está más que extendida y es protagonista de muchas de nuestras frases, con lo que convivimos con ella aceptándola y adaptándola a nuestras circunstancias.
Decimos que fue "cosa del destino", o que "el destino se puso en su contra"; utilizamos frases como - destinados a conocerse - o - destinados a no entenderse-

Enlazamos con la suerte, aunque su significado no es el mismo, le damos el mismo poder mágico, y resulta que tenemos suerte cuando algo nos va bien, o que pasamos por una racha de mala suerte cuando las cosas no salen como querríamos.

El cancionero popular está repleto de letras en las que el destino es el culpable de todo, cuantos amores tristemente acabados por culpa del dichoso destino. Posee para nosotros una connotación romántica y melancólica; contra él no se puede luchar, nada podemos hacer.

Podría yo decir entonces por ejemplo que es mi DESTINO echarme la siesta cada tarde, ya que una fuerza superior a mí me empuja hacia el sofá sin que yo pueda hacer nada por impedirlo, trato de ofrecer resistencia, pero no hay manera, es imposible. Ese destino contra el que nada puedo me obliga a perder el tiempo entre sueños, por lo que es el culpable de que luego yo no cumpla con los objetivos que me he marcado en el día.
Ya está, ya tengo la excusa perfecta para no asumir responsabilidades, un chivo expiatorio para todo aquello que suceda en contra de mis deseos – el destino así lo ha querido –

Siempre puedo acudir también al otro gran recurso: la SUERTE. A mí las cosas me van mal porque tengo mala suerte, que yo haya tomado decisiones equivocadas, o que ni tan siquiera haya llegado a tomarlas no tiene nada que ver en esta ecuación, es la mala suerte. Pero ¿nos la buscamos nosotros con nuestros actos o nos viene dada, por defecto?


Reconozcamos que es tentador creer en estas palabras, lo difícil es resistirse, porque nos aportan paz y tranquilidad. Si da igual lo que yo haga, porque mi vida depende de la suerte o el destino, puedo relajarme y dejarlo todo en sus manos, y es tan cómodo delegar la responsabilidad, no sentirse culpable ni atormentarse con las opciones que tenemos ante nuestros ojos.

En el fondo de todo esto subyacen otras dos grandes y magníficas palabras: la libertad, en este caso, el miedo a la libertad y el compromiso que ello conlleva, es preferible a veces no tener libertad de elección, que da mucho trabajo y además ¿y si me equivoco? ¿y si no tomo el camino correcto? ¿y si me sale mal? Pues mejor pensemos que ha sido el destino el que me ha llevado hacia ese camino,sea el que sea, pero sobretodo si es el equivocado, si no lo es siempre estoy a tiempo de pensar que fui yo que supe tomar la decisión acertada.

La otra palabra es la resignación, nos evita sentimientos de culpabilidad, podemos vivir mejor con nosotros mismos y nos ofrece ese conformismo tan agradable que nos ayuda a dejar de pensar en porqué las cosas ocurren como ocurren.

Se que mientras leéis esto estaréis pensando - de acuerdo, quizás tiene razón, pero no todo está en nuestras manos, no tenemos poder para controlar y variar cada una de las circunstancias que se nos presentan en la vida -

Es cierto, en muchas ocasiones lo que nos ocurre escapa a nuestro control y se presentan situaciones que no hemos provocado o buscado ni consciente ni inconscientemente. El azar, la casualidad están ahí, repartiendo cartas, sin hacer distinciones entre ricos o pobres, guapos o feos; somos nosotros, los que con nuestro egocentrismo habitual le damos a esos hechos un valor único y personal, todos conocemos las frases ¿Qué he hecho yo para merecer esto? ¿porqué me tenía que pasar a mí? La respuesta a esta pregunta es: ¿y porqué no? ¿eres mejor que los demás? ¿te preguntas lo mismo cuando te suceden cosas buenas?

Lo importante llegados a este punto es como voy a reaccionar a partir de este momento para resolver o paliar el problema; que actitud voy a presentar frente a él, porque de afrontarlo de una u otra manera dependerá el desenlace... o ya que el destino me la ha jugado puedo dejarlo en sus manos, a ver hacia donde me lleva.


lunes, 19 de marzo de 2012

Desempleados sin formación, desempleados eternos


Los DESEMPLEADOS sin formación se están convirtiendo en DESEMPLEADOS eternos.

Todos tenemos dificultades en estos tiempos, los que no han perdido su puesto de trabajo viven bajo la amenaza de que en cualquier momento la empresa cierre, o se haga una reestructuración de personal, o se apruebe un ERE...las posibilidades son infinitas al igual que nuestra capacidad para la angustia.

Aquellos que lo perdieron y han tenido la suerte de volver a reincorporarse al mercado laboral descubren estupefactos que las condiciones
son precarias y los sueldos a los que pueden aspirar paupérrimos, insuficientes para mantener no ya el ritmo de vida anterior, si no que apenas les da para subsistir, y a saber por cuanto tiempo podrán mantenerlo.

Después está el tercer grupo, los que perdieron su empleo y llevan meses en PARO tratando de encontrar un puesto de trabajo.

Dentro de este grupo, la inmensa mayoría no poseen apenas formación ni titulación, sí cuentan con experiencia en puestos concretos, pero esto ya no sirve, basta con meterse en la vorágine de la búsqueda de empleo para darse cuenta de hasta que punto es complicado que alguna entrevista de trabajo de sus frutos, eso si conseguimos acceder a ella.

En realidad la situación a veces es tan dramática que entra la risa. Comienzas por apuntarte a tropecientas Empresas de Trabajo Temporal, te sientas delante del ordenador y pasas días enteros rellenando perfiles y curriculums en todas las páginas que encuentras en las que se ofertan empleos, con el consiguiente dolor de cabeza; te das cuenta entonces que buscar trabajo resulta más agotador que trabajar, y mucho más desalentador.

Segunda fase: comienzas cada día a repasar todas las ofertas y pasas de la sorpresa a la perplejidad, de ésta a la decepción y terminas entrando en la desesperación, todo esto mientras tu autoestima se va resintiendo, cada vez más inseguro, cada vez con más miedo.

Lo primero que te preguntas es que ha ocurrido en el mundo mientras tu te partías el lomo durante 10, 15 o 20 años trabajando. ¿Tanto han cambiado las cosas? empiezas a descartar antes de que te descarten, porque ahora para ser operario en una fábrica te exigen título de FP II en electrónica, o química, o lo que sea, total para estar en la cadena de producción lijando una pieza por 750 euros al mes, que lo de ser mileurista ahora ya es un privilegio.

Buscas trabajo de camarero, en el bar de la esquina te piden nociones de inglés, allí no han visto en su vida un turista, pero nunca se sabe y por pedir que no quede. Me parece bien que lo necesiten en un chiringuito de playa, pero en un barrio de Hospitalet o Vallecas te aseguro yo que no es necesario.

De repente ves una oferta interesante, no pagan mucho pero no piden demasiados requisitos, el corazón se te dispara, esta va a ser tu oportunidad...pues tampoco, ¿grado de discapacidad? Solo por curiosidad echad un vistazo a las ofertas aunque no tengais necesidad de ello, las ofertas en las que piden un grado X de discapacidad superan con creces al número de discapacitados que debe haber no en España, si no en toda Europa.

En este punto ya te entra la depresión, porque es que ni ese requisito eres capaz de cumplir, con todos mis respetos a los que tengan algún tipo de discapacidad, comienzas a repasar a ver si tu miopía o tu sordera pudieran englobarse en la categoría, porque ya no puedes más y tu mente no anda muy clara, el estado de ansiedad en que te hayas no se considera discapacidad, pero sí incapacita, y mucho.




Te sientas a ver la televisión, reportajes sobre jóvenes con un alto grado de formación que están planteándose irse fuera de España, y tu que no puedes, porque en Alemania ya no se pide mano de obra no cualificada. El resto de jóvenes que deciden quedarse aquí con su título de ingeniero o abogado están ocupando los puestos a los que tu podrías aspirar, porque ellos si saben inglés e informática, así que entramos en un bucle en el que todos están donde no debieran, y piensas que entonces a tí te toca bajar un escalón y dedicarte a recoger chatarra y periódicos por las calles.

Tu estado de ánimo va oscilando, la mayoría del tiempo estás hundido y te consideras un inútil, a ratos coges aire, llenas los pulmones y decides comenzar al día siguiente con fuerzas renovadas. Te levantas, coges tu curriculum y comienzas a darle vueltas, cambias el formato, añades frases, ¿primero la formación y luego la experiencia? ¿y si lo pongo al revés?. Da igual, tu curriculum es penoso y tu también.

Pruebas a hacer cursos del INEM, al menos ocupas tu tiempo y algo aprenderás: curso de 25 horas sobre información contable y financiera, los cursos son insustanciales, no profundizan, y aparte de conseguir un documento en el que se certifica que has participado en el curso con aprovechamiento, poco más consigues, ahora se supone- y sólo se supone - que tienes la formación, pero no cuentas con la experiencia.

Entre tanto has conseguido que te llamen para dos o tres entrevistas de trabajo, acudes nervioso y un poco perdido, desde que comenzaste a trabajar a los 16 años, no habías vuelto a pasar por esto, y una señorita con pocas ganas que casi no te mira a la cara, se limita a rellenar cuatro datos que además ya constaban en el curriculum que previamente habías enviado, y tu leyendo por Internet cual es la actitud adecuada para acudir a una entrevista, como sentarte y de que forma hablar, si ni siquiera has tenido oportunidad...

Un buen día te llaman para que acudas a todo correr a una selección de personal, llegas y te ponen a trabajar inmediatamente con cuatro instrucciones sobre la tarea a desempeñar, pierdes media hora de la jornada rellenando papeles para darte de alta por una semana, punta de trabajo creo que le llaman, y motivado a tope consigues un puesto de trabajo que ya sabes que no irá más allá.

La semana que viene, vuelta a empezar...


domingo, 18 de marzo de 2012

Historias de antes de la Crisis



Érase una vez, hace años, más de los que nos parece al echar la vista atrás, un país llamado España, donde la palabra CRISIS no existía.

Los niños del lugar ya no recuerdan que en aquel país se vivía en la abundancia, sus papás empiezan a pensar si aquello no fue un espejismo, un sueño del que despertaron un día en paro con una carta de despido entre sus manos, o la llamada de teléfono de la entidad bancaria que gestionaba su hipoteca.

Eran otros tiempos hijo, nosotros, los adultos, vivíamos alegres y despreocupados; en la mayoría de los hogares nos quejábamos de que nos hacían trabajar demasiado, y para compensar la falta de tiempo y el estrés que eso suponía, dedicábamos horas a planear las próximas vacaciones; nada de ir de camping un fin de semana, lo hacíamos a lo grande, medio año antes estábamos reservando hotel en algún lugar lejano y exótico, que eso de viajar estaba muy de moda, y quien no lo hacía no era nadie.

El resto del tiempo mirábamos folletos para decidir el nuevo coche que íbamos a comprar, el anterior sólo tenía dos años, pero con el bebé era imperiosamente necesario un coche más grande, más seguro y con un maletero enorme en el que meter el cochecito y todos los útiles que transportar al bebito requería, porque los fines de semana salíamos por ahí, a comer en algún restaurante nuevo recién abierto, o al centro comercial más cercano a comprar el último capricho tecnológico del que papá se había enamorado, o te dejábamos con los abuelos y nos íbamos de cena romántica, copa y baile... ¿Que no te lo crees? ¿te parece imposible?...a mi casi también.

Aunque el televisor funcionaba perfectamente, papá decidió que era gordo y feo, y que necesitábamos una pantalla de plasma para ver la tele como en el cine, cuando llegó la pantalla nos dimos cuenta de que era más grande que el comedor, por lo que nos vimos obligados a pensar en comprar un piso más grande, o mejor, una casita adosada de esas tan monas, con un patio para que tu jugaras.



No había problema, el BANCO lo financiaba todo, vendimos el piso por el doble de lo que nos había costado, pero la casita costaba cuatro veces más, menos mal que un señor, el director del Banco, que era un ángel, nos prestó dinero para la casa, el coche y ya de paso para los muebles nuevos, que no íbamos a aprovechar los viejos, solo faltaba empezar con unos muebles cutres de hacía 6 años nuestra nueva vida.

Tu eras muy pequeño y no recuerdas, pero mamá te compraba unos trajecitos monísimos de Benetton...sí, ya se que ahora voy a los chinos, tampoco está tan mal, los calcetines se agujerean al segundo lavado, pero la abuela me ha enseñado a zurzir - antigua costumbre que yo odiaba - y a meter el bajo de los pantalones, así te los compro tres tallas más grandes, y te sirven para más tiempo.

Yo me reía de la abuela, que mujer más pesada, siempre hablando de que ella en sus tiempos ahorraba y no gastaba más de lo que tenía, siempre con miedo al futuro y recordando tiempos difíciles, siempre recriminando que yo tirara la ropa sin estar estropeada, sólo porque había pasado de moda.

En fin, aunque no te lo creas, hubo un tiempo en el que papá reía más y no tenía esa mirada perdida y ausente, sí cariño, entonces trabajaba y tu lo veías poco ¿Que qué es la crisis? no lo se muy bien, creo que es el nombre que le han puesto a esta nueva etapa en la que ya nada volverá a ser como antes, creímos al principio que sería cosa de unos meses, un año, tal vez dos, pero tu sigues creciendo inmerso en ella y probablemente nunca alcances a entender la forma en la que vivieron tus padres antes de que llegara y lo arrasara todo.

Espera un momento, llaman al timbre...recoge tu osito.No te preocupes amor, sólo son los del Juzgado, ya te expliqué que esta casa es demasiado grande para nosotros, si... igual que el coche. Ahora viviremos con la abuela, que se hace mayor y necesita compañía, además, ya sabes, podrás volver a dormir conmigo, los tres juntitos en la cama, y te seguiré explicando HISTORIAS de un tiempo ya lejano, cuando papá y mamá creyeron que el futuro estaba asegurado.