sábado, 31 de marzo de 2012

Mi héroe, el Hermano Mayor


Si usted es de las que ha tenido la desdicha de criar en su casa una especie de niña del exorcista pero entradita en carnes y en edad,  con piercings hasta en el cielo de la boca, vaga, mal hablada y dada al deporte de destrozarle el hogar a patadas y puñetazos, no se preocupe, el “Hermano Mayor”, como un superhéroe de cómic  aparecerá cualquier día por su humilde morada y en una semana le deja a la niña suave como un guante, o al niño, que los delincuentes en potencia, hasta arriba de porros son su especialidad.


El programa no tiene desperdicio, ni credibilidad tampoco, basta ver los primeros planos de la niña con cara de pocos amigos retando a la cámara en un posado perfecto para desanimarse.

El perfil de la familia, por desgracia, si que es bastante real, aunque no lo sea la posible solución. Unos padres desesperados, en la mayoría de ocasiones sólo una madre, que no sabe ya que hacer con la borde de su hija – a punto de tirar la toalla – como siempre apostillan, y en el  trasfondo del asunto mucho egoismo, rencor  y  rabia mal canalizada por parte de la niña, que a todo esto ya cuenta con los 18 ó 20 años y está a la sopa boba, sin oficio ni beneficio, exigiendo dinero para irse de fiesta y esperando que le laven la ropa.




En frente una madre normalmente con una vida complicada y difícil, que a base de sentirse culpable por haberse separado, o por tener una nueva pareja, o por trabajar tanto que no ha tenido tiempo de estar con la niña, o porque le da la gana de salir por la noche algún fin de semana, se ha dedicado a malcriarla y a darle todos los caprichos.

La encantadora niña no pierde ocasión de culpar a la madre de todos sus problemas, si ella se comporta como una psicópata descontrolada es porque la madre sale con un señor nuevo, o porque de pequeña la dejaba con la abuela para irse a trabajar.

Las escenas del día a día en la casa serían escalofriantes, si no fuera  porque no se nos olvida que el cámara está rodando en el comedor mientras el plato de lentejas sale volando por los aires, y las madres como actrices no dan la talla, si que es verdad que las niñas saben darle más realismo al plano, pero no se yo hasta que punto ese momento es real o se está escenificando.

Luego llega El, les regaña como si fuera la supernany y ellas tuvieran 9 años, sólo que en lugar de quitarles el peluche les confisca el móvil, las deja tiradas en mitad de una carretera para que vean lo que es sentirse sola y desamparada, con el cámara de nuevo grabando a tres metros, y les busca un trabajo de prueba cortando cabezas de pollo para que veamos como la niña sale echa un basilisco diciendo que a ella no le sale del coño trabajar; esa es la frase más fina y delicada que suelen utilizar, porque riqueza de vocabulario no tienen demasiada, con  el - esto es lo que hay –  y  un  – me la suda -   a tiempo, ellas se las apañan divinamente.



El Hermano Mayor no trabaja solo, cuenta con la ayuda inestimable de una psicóloga, que debe estar en prácticas, porque no hay por donde cogerla; atención al plano a la señorita, de película de James Bond.

Se lleva a la niña al monte y a modo de terapia la incita a lanzar dardos apuntando a cartones colgados en los árboles donde hay impresas  frases con sus malos hábitos, o le llena una mochila con bolas pesadas para que con cada una se desprenda de alguna de sus frustraciones.

Lo sorprendente es que de repente la niña, como si el demonio hubiera abandonado su cuerpo, reacciona y es consciente de todo, y llega la catarsis: el gusano por arte de magia se convierte en mariposa, asume sus errores, pide perdón, abraza a la madre hecha un mar de lágrimas…y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

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